CELEBRACION DEL 400 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CONGREGACION DE LA MISIÓN EN SEVILLA.

EL 25 DE ENERO A LAS 20 H. LA FAMILIA VICENCIANA DE SEVILLA ESTABA INVITADA A PARTICIPAR CON LOS MISIONEROS PAULES EN LA APERTURA DEL AÑO JUBILAR EN EL TEMPLO SAN VICENTE DE PAUL.

NOS PRESIDIO LA EUCARISTÍA EL VICARIO EPISCOPAL DE SEVILA CIUDAD, D. RAFAEL MUÑOZ CO, Y CONCELEBRÓ LA COMUNIDAD DE PAULES, EL VICARIO EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL Y DELEGADO EPISCOPAL DE CARITAS, D. SALVADOR DIAÑEZ, Y ALGUNOS SACERDOTES DEL ARCIPRESTAZGO DE TRIANA-LOS REMEDIOS.

AYUDÓ EN LA CELEBRACIÓN EL GRUPO DE ACÓLITOS DE LA HERMANDAD DE SAN GONZALO Y ANIMÓ EL CANTO EL CORO DE LA PARROQUIA SAN GONZALO. MIEMBROS DE LA FAMILIA VICENCIANA PARTICIPARON EN LECTUIRAS, PETICIONES, OFRENDAS, ETC.

LA CELEBRACIÓN FUE MUY SOLEMNE Y FAMILIAR, Y JUNTO AL PROTAGONISMO DE SAN VICENTE Y LA FAMILIA VICENCIANA, CELEBRAMOS TAMBIÉN EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS. AL CONCLUIR LA SESIÓN DE FOTOS DE GRUPOS PASAMOS A COMUIDAD PARA COMPARTIR UN AGAPE FRATERNO, MOMENTO PARA ALIMENTAR LOS LAZOS DE FRATERNIDAD EN LA FAMILILA VICENCIANA, Y CON LOS FELIGRESES DE SAN GONZALO Y DEL TEMPLO SAN VICENTE.

GRACIAS A TODOS LOS QUE HABEIS COLABORADO EN LA PREPARACIÓN DE ESTA HERMOSA FIESTA Y A LOS QUE HABÉIS PARTICIPADO.

OS COMPARTO LA HOMILIA QUE PRONUNCIO EL VICARIO EPISCOPAL, D. RAFAEL MUÑOZ EN LA CELEBRACIÓN.

HOMILÍA EN LA EUCARISTÍA POR LOS 400 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN (PP. PAULES). 25 DE ENERO DE 2025.

El acontecimiento  de la Fundación de la Congregación de la Misión nos convoca esta tarde para celebrar la Eucaristía en la apertura del IV Centenario de aquél 1625 cuando los señores de Gondi y su capellán y padre espiritual  Vicente de Paúl, como hemos escuchado en la monición de entrada, aúnan inquietudes y deseos  que darán lugar a una aventura que llega hasta nosotros hoy, ofreciendo la sombra evangelizadora  del frondoso árbol que forma toda la Familia Vicenciana.

SALUDO fraternalmente a la comunidad de Misioneros Paúles y sacerdotes concelebrantes. A la Hna. Visitadora de las Hijas de la Caridad y Hermanas de las distintas comunidades de Sevilla. A los Laicos de las distintas ramas de la Familia Vicenciana.

A los fieles que frecuentáis habitualmente este templo de San Vicente  de Paúl.
A la comunidad parroquial de San Gonzalo en todos los grupos que la conforman.

Al Hno. Mayor y Junta de Gobierno de la Hdad. de San Gonzalo.

A todos los presentes os invito a celebrar este momento festivo y fraterno con alegría, tal como nos ha pedido la Palabra de Dios escuchada en la primera lectura porque el gozo del Señor es nuestro motivo, nuestra fuerza.  

Ciertamente cuando, las dificultades y las tantas necesidades nos rodean, puede sobrevenirnos la tentación del desánimo, la desconfianza y la desesperanza, y es entonces cuando escuchar al Dios de la Vida, que siempre es Padre para el que nada hay imposible y está de nuestra parte, llena nuestro corazón de fortaleza y ánimo, porque “algo se puede hacer”. Ese pensamiento fue para Vicente un punto de partida.

El Papa Francisco, con motivo del Año de la vida Religiosa, se dirigió a los religiosos con unas palabras que yo hoy las refiero a todos, consagrados y laicos, pues la llamada a la santidad y a la construcción de la Iglesia como instrumento para instaurar el Reino de Dios procede del bautismo recibido que cada cual, desde la propia vocación a la que ha sido llamado, ha de responder como tarea misionera. Es la responsabilidad que San Pablo en la 2ª Lectura nos ha recordado.

El Papa les dijo: Queridos hijos, “Mirad el pasado con gratitud; vivid el presente con pasión; abrazar el futuro con esperanza… para que el mundo despierte”.

Y al mirar el pasado con gratitud necesariamente nos encontramos con uno de los grandes hijos de la Iglesia, grande por su amor al Evangelio, grande por su caridad y grande en  humanidad. 

Vicente de Paúl, joven sacerdote de corazón sensible e inquieto, tomó muy en firme vivir en su carne el Evangelio de Jesucristo. Sus palabras las hizo vida. Así nosotros lo hemos proclamado responsorialmente hoy en el Salmo 18 con convicción y como deseo: “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”(Jn 6,63c). ¡Que lo sean,  Señor, para nosotros!

Vicente sintió particularmente golpear en su alma estas palabras que hemos escuchado en el Evangelio de hoy: “El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres” (Lc 4, 16-30) y que luego rezará en el lema de su Congregación fundada “Evangelizare pauperibus misit me”. Era la voz potente y clara del Señor que lo llamaba. Desde entonces y urgido por la caridad de Cristo, a ello dedicó la vida con ahínco en aquélla sociedad e Iglesia tan llena de pobrezas y necesidades.

Golpeado en su vida interior por estas palabras del Evangelio, que providencialmente han coincidido con las que han sido proclamadas en la liturgia de hoy,  fraguada en su recia espiritualidad vivida desde la sencillez, la humildad, la mortificación, la mansedumbre y el celo apostólico por la salvación de las almas, su corazón ya solo vive para la misión.  Como aquéllos primeros discípulos recordará: corría el año 1617.

Este santo de la caridad, San Vicente de Paúl, tuvo la capacidad excepcional de ver a Cristo en los pobres: “porque tuve hambre y me disteis de comer, enfermo y me visitasteis, desnudo y me vestisteis”. (Mt 25, 34-36) Sirvió a los necesitados no como un deber, sino como un privilegio. De ellos decía “son  nuestros amos y señores a quienes debemos servir”, así lo expresaba en una de sus cartas. Su corazón, tan humano, fue  un lugar donde los pobres encontraban refugio y remedio a su necesidad. Su entrega amable y misericordiosa le concedió el noble título de “padre de los pobres”.

La santidad fue su proyecto de vida. El deseo de santidad lo fue alcanzando por el camino más recto y directo,  el de la caridad que se expresa en el  servicio. Una caridad, por cierto, bien entendida, la caridad que distingue entre dar y darse: “Juana, le decía a una de aquellas primeras Hijas de la caridad, los pobres solo te perdonarán el pan que les das por la sonrisa con que se lo ofrezcas”. Me parece escuchar a s. Pablo… la caridad es amable, es servicial y generosa, es sencilla y no se engríe… la caridad no pasa nunca, es lo único que permanecerá (1ª Cor 13, 4-13)

La urgencia de la caridad pronto contagió a otros sacerdotes y jóvenes campesinas. Unidos a él hicieron  nacer en la Iglesia la Congregación de la Misión (Misioneros Paúles) y las Hijas de la Caridad con Luisa de Marillac. El Espíritu inspiraba otro carisma en su Iglesia. El carisma vicenciano:  misión evangelizadora y servicio caritativo. ¡Cuánto dio de sí aquélla firma del 17 de abril de 1625!

Nuestra mirada agradecida alcanza también a tantos hijos e hijas de San Vicente que han alargado su carisma en el pasado, siendo y llevando a las periferias sociales de cada momento la “Buena Noticia y la Caridad”,  lema que habéis elegido para este Centenario. Particularmente damos gracias a Dios por vuestra llegada a la Diócesis en 1906 y a Sevilla desde 1929 enriqueciéndola con vuestro carisma y dedicación en el servicio a tantas presencias: Misiones Populares, evangelización del mundo rural, formación de clérigos en seminarios, parroquias, colegios, casas de acogida, hospitales, etc.

Pero esta mirada no puede ser nostálgica. Ha de impulsarnos a vivir con pasión nuestro momento actual, nuestro momento presente contando con sus dificultades, retos y esperanzas porque “los pobres estarán  siempre  con vosotros” (Mc 14,7).

Celebrar este Centenario es oportunidad de gracia, Kairós, para renovar la propia vocación de consagrados o laicos en la identidad del carisma propio. Y vuelvo a recordar a San Pablo en la 2ª Lectura escuchada: la Iglesia es el cuerpo de Cristo formado por muchos miembros distintos aportando cada uno su función.  Si Santa Teresita del Niño Jesús escribiera “en el corazón de la Iglesia yo seré el amor, así lo seré todo”, la familia espiritual de San Vicente tendría que ser en la misma Iglesia un permanente Himno a la Caridad expresado en tantos cantos de liberación.  «La fantasía de la caridad no conoce límites y necesita de entusiasmo para llevar el evangelio a las culturas y a los más diversos ámbitos sociales», en palabras del Papa Francisco, que sigue diciendo «saber transmitir la alegría y la felicidad de la fe y misión vivida en  comunidad hace crecer la Iglesia por capacidad de atracción». Todos juntos, consagrados y laicos «compartiendo ideales, espíritu y misión».

El agradecimiento del pasado se concreta hoy en agradecimiento a las comunidades que actualmente formáis la Familia Vicenciana: a la comunidad de PP. Paúles, a las de las Hijas de la Caridad, a las comunidades o grupos laicales. Continuad siendo para nosotros una continua interpelación a nuestra caridad. Inspiradnos a vivir con amor, misericordia y entrega viendo el rostro del Señor en los pobres que nos rodean porque ellos nos evangelizan.

 Como bien sabemos, el futuro se hace a golpes de presente. Por eso solo si vivimos el presente con pasión, es decir, ilusionados, entusiasmados, enamorados de nuestra propia vocación, podremos abrazar el futuro con esperanza. Una esperanza que no es un fútil optimismo sino la certeza en la fe de que Dios camina con nosotros y va escribiendo nuestra historia. Y esta esperanza no defrauda porque es historia y esperanza de salvación.

No podemos vivir de espaldas a la realidad que nos ha tocado vivir ni obviar las dificultades que afronta la Iglesia en los momentos actuales tanto en las vocaciones laicales como en las consagradas de todas las congregaciones. El envejecimiento sin relevos a corto plazo y la crisis en los jóvenes frente a compromisos fieles y duraderos pueden hacernos caer en el desencanto y la tristeza.  Pero  es bueno recordarnos que la toda crisis es crecimiento y que la esperanza cristiana no se basa en los números ni en la cantidad de obras, sino en Jesucristo. Él es nuestra esperanza y en su palabra confiamos: “No tengáis miedo”.(Is 41,10) “Yo estoy con vosotros”(Mt 28,20).

Seamos signos de esperanza, sigamos “remando mar adentro”(Lc 5,4) porque “No nos toca a nosotros conocer los tiempos ni el momento” (Hch 1,7). Así pues, para que nuestro testimonio de caridad sea entusiasta debe estar anclado en la esperanza, y hacernos, como nos dice San Pablo “vivir alegres, pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración (Rm, 12,12).

A María, mujer y madre de esperanza, intercesora siempre ante el Señor,  encomendamos nuestra vida, vocación y misión. Con Ella, que esperó porque confió, hacemos nuestras las palabras del salmo 119 que han sido elegidas como lema de este Domingo de la Palabra: Señor, “Espero en tus palabras”. A Ella confiamos este Año Jubilar de Gracia para toda vuestra Congregación, la Familia Vicenciana y para cuantos tenemos la dicha de compartir con vosotros este feliz acontecimiento.

Uno a este deseo, con agradecimiento, mi  felicitación y enhorabuena en este feliz acontecimiento que lo es también para toda la Iglesia.

V/. ALABADO SEA JESUCRISTO

R/. AHORA Y POR SIEMPRE.

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